EDICIÓN N° 400, 12 AL 18 DE SETIEMBRE DEL 2018

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Editorial
 

El “400”

Alborozados, quienes hacemos nuestro Semanario, hemos celebrado con un programita muy íntimo, pero nada humilde, la llegada a la emblemática meta de las cuatro centenas. Y claro, como que la mayoría de nosotros, digamos el director y el diagramador, saben lo que eso ha costado en kilogramos de sudor, en trasnochadas y madrugadas desde el número 1, hemos tenido razón para ponernos una corbata, adoquinarnos en reglamentaria vestimenta y levantar no pocas veces el brazo para desearnos un “salucito” con los nuevecitos recién desempacados de las aulas celebrando en ambientes exclusivos de la trujillanidad. Que le arda a los demás, porque lo que es nosotros, bien frescos.
Nuestro Semanario en el esforzado desarrollo de los cuatrocientos números ha demostrado que no solo somos buenos para el micrófono, modestia aparte, sino que como prensa escrita, para imprenta o para parrafadas cibernéticas, también tenemos nuestros kilates y que la abrumadora respuesta del público ha sido una fortificante compensación y estímulo. En la práctica y en el transcurso de casi diez años hemos dado al traste a todos aquellos que nos reconocían solamente una actividad periodística en el micrófono y que, medrosos y egoístas, hacían como que no veían nuestros programas de televisión, nuestra y redes sociales.
Y, entonces, burlones, iniciamos nuestro semanario hace 10 años, fundando archivos siempre deseosos de dejar palpable huella para el cercano y lejano futuro, ya que siempre hemos escrito para las generaciones que nos seguirán con el encargo. No negamos que nos ha costado sacrificios hasta que, como buenos deportistas, el entrenamiento semanal nos fue ofreciendo facilidades de trabajo, aprendizaje y experiencias de por si fortificantes. Y hemos logrado presencia y hasta reconocimientos. Pero del que más vale, muy alejado de los cartones honoríficos baratos y oportunistas que terminan escondidos para que nadie mas los vea. Nos llenan de orgullo los otros, cuando cada semana el tiraje se acaba porque son muchos los que los reciben en los puestos de diarios y revistas de la ciudad o se dan el trabajo de venir a recogerlos de nuestro edificio.
Llegar a los 400 ejemplares o ediciones no implica, únicamente, nuestro justificado alborozo. Representa algo más serio que puede angustiarnos porque es ya casi el compromiso de la siguiente meta que sería, de puro audaces que somos, el medio millar, el “500”, que es lo mismo que cien semanas, ¡cien semanas de vida!! o dos largos años que se sumarán a los ya vividos. ¿Alguien puede en estas circunstancias, planificar un futuro o una perspectiva tan inestable, dudosa y enigmática que pertenece a la voluntad de Dios?. No. Solo queda entonces la voluntad de hacerlo, de continuarlo, llevando una mano firme, una mente fuerte, al apoyo e identificación de los lectores y una oración al Altísimo.

EL VERGONZOSO ACOSO AL CLUB LIBERTAD
El abogado del Club Libertad, Dr. Carlos Monroi, en reciente entrevista concedida a un medio nacional de comunicación, ha revelado, como es que, en el proceso civil de prescripción adquisitiva de dominio que el propio Club sigue para que se le reconozca la propiedad de su territorio detentado en paz y fulgurante vida social y cultural durante ya casi siglo y medio, se observa que la principal argumentación de los opositores, en este caso los empleados de la Beneficencia Pública de Trujillo nombrados por el actual alcalde provincial, la constituyen las páginas de un diario local, que como escritos numerados del Expediente Civil, se exhiben dentro de su reconocida expectativa el de conseguir su objetivo a como dé lugar.
Así, esa trinchera periodística del Coronel-Alcalde arrasa con la historia, con la verdad, y hasta con su propio honor, recolectando moscones funerarios electoreros que son consecuencia también de su larga presencia en la ciudad desde la época de sus fundadores que nunca pudieron desconocer el derecho del Club Libertad a conservar lo suyo. Sin embargo, es importante precisar que la referida pieza procesal puede constituir positivamente para el futuro una referencia universitaria insoslayable de cómo un diario puede prestarse a utilizar sus páginas como folios de un juicio civil utilizando el amedrentamiento y amenaza a los jueces. Y sobre todo tan descaradamente.
Como estudiosos de la vida y desarrollo del periodismo hemos solicitado se nos otorgue una fotocopia fedateada del referido expediente. Las Facultades de Periodismo de nuestras universidades tendrán, no solo en Trujillo y el Perú, un instrumento diseccionado del daño que el mal periodismo puede hacer cuando pierde su brújula y sus deberes.

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Borrar el pasado

Por Javier Junceda, Jurista

En la Torre de Londres, que alberga las joyas de la Corona británica, se ejecutaron y torturaron a innumerables personas. Aún se muestran como reclamo turístico potros o cigüeñas utilizados para dichos suplicios. Los primeros desmembraban pies y manos a la víctima atada a un torno al girar en sentido contrario estirando cada extremidad, y las segundas inmovilizaban y sujetaban al afectado durante largo tiempo por el cuello, manos y tobillo, provocándole calambres generalizados en todo el cuerpo. Mientras esto se producía, no eran raras las palizas, mutilaciones o quemaduras que se les infligían. Cientos de personalidades de relieve sucumbieron a las sucesivas decapitaciones en la Tower Hill, como Ana Bolena o santo Tomás Moro, quien ante el cadalso pidió a sus verdugos que le ayudaran a subir, porque para bajar se las arreglaría él solo. El sanguinario tirano Oliver Cromwell cuenta también con una imponente estatua en el exterior del parlamento de Westminster, y su clan familiar pone nombre a una de las principales arterias de Londres, en el céntrico barrio de Kensington y Chelsea.
Las atrocidades provocadas en el recinto regio y la trayectoria del cruel dictador forman parte de la historia inglesa. Pero, en lugar de hacerlas desaparecer, las exhiben allí con naturalidad como símbolo de su patrimonio colectivo, sin tratar de llevar absurdamente el pensamiento actual a tiempos pretéritos.
Si utilizáramos la óptica del presente para revisar el pasado, no quedaría vestigio alguno. Pero sucede que eso, además de una solemne memez, resulta imposible por la elemental razón de que no por querer borrar determinados episodios estos desaparecen como por ensalmo, sino que en ocasiones reverdecen, devolviéndolos a la actualidad. Añádase a esto la taimada selección que muchas veces se opera en estos terrenos, pretendiendo eliminar unos acontecimientos y nunca los de signo opuesto, aun cuando estos sean igualmente ominosos para gran parte de la sociedad e incluso en objetivos términos históricos.
No existe nación que no sea producto de un continuo y complejo claroscuro. Tanto lo bueno como lo menos bueno que ha dado de sí su evolución y observamos con perspectiva de hoy, ha sido consecuencia directa del concreto contexto en que se ha generado, sin que sean posibles aquí revisiones que orillen ese determinante dato. Podemos censurar el canibalismo, por ejemplo, pero consta que en Atapuerca se practicaba. Y no por ello debemos dejar de potenciar esa fabulosa iniciativa arqueológica.
Revisitar la historia con visión ideológica del presente revela, además, la inexistencia de proyecto político de quien la impulsa. Poner en marcha mecanismos legales, administrativos y financieros para asuntos así, en lugar de aplicarse a fondo en los retos de la gobernabilidad de un país, denota una diletancia de libro, muy propia por cierto de estos tiempos, presididos por la sinsustancia y la dieta pobre en argumentos que muevan a la reflexión.
Aunque los que irresponsablemente propugnan reescribir el pasado sean merecedores en el futuro del mismo juicio que ellos hacen ahora, sin duda pasarán a la posteridad como ejemplos del sectarismo que en tantas oportunidades ha lastrado el futuro de las naciones. Que no se preocupen que a ellos sí les dejaremos permanecer como símbolos de lo que no se debe volver a hacer.

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FOTOSUCESOS

Gran equipo periodístico de “La Voz de la Calle – Semanario” festejando en agradable reunión el cumplimiento de Vigorosa Edición del N° 400.

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