EDICIÓN N° 402, 11 AL 17 DE OCTUBRE DEL 2018

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Editorial
 

¿El proceso electoral
culminado, campo de ensayo?

Nada ha sido diferente en este proceso eleccionario que ha culminado el domingo 7 de octubre en nuestro país con los resultados por todos conocido. Las elecciones, el acto del sufragio de los ciudadanos, los problemas de última hora, las grandes colas de sufragantes buscando su lugar de votación, los embotellamientos del tránsito y, debemos reconocerlo, los apuros de los sudorosos trabajadores de la ONPE y el JNE, para ayudar a los ciudadanos que enfurecidos protestaban por no encontrar su lugar de votación. Situación comprensible ya que han sido muchos los que acudieron al mismo lugar en que votaron en 2014 y se dieron con la sorpresa de que había sido cambiado.
Sin embargo, se cumplió y se produjeron las votaciones, la ciudadanía emitió su voto libremente, aunque esta vez, sorprendió no solo por el número de votos en blanco o viciado sino por la cantidad de gente que prefirió quedarse en la casa resignándose a pagar la multa. Signo de indiferencia que debería ya comenzar a preocupar a quienes tengan a su cargo este fundamental aspecto de nuestra democracia, respecto a la vieja y gastada disyuntiva de si el voto ciudadano debía dejar de ser compulsivo. Hay en ambos sentidos poderosos y bien fundados argumentos.
Como ya es costumbre en la muy marcada idiosincrasia peruana, esta vez, temprano, los perdedores comenzaron a protestar denunciando presuntos fraudes o interferencia económica en los resultados. Sin embargo, esta vez, los descontentos encontraron forma de unirse y protestar a coro, pero sin evidenciar claramente si lo que querían era anular las elecciones o reconocer el triunfo de uno de ellos, con lo que se volvería al principio a la hora de elegir al afortunado. En Lima, fue curioso observar como uno de ellos que se autoerigía como ganador, al final quedó quinto y no pudo encontrar, mejor forma para ocultar su rubor, que denunciar, sin mayor explicación, un “fraude” electoral.
Las elecciones 2018, sin embargo, nos están mostrando un desplazamiento de los humores electorales del país. Es notable, el desplazamiento del apro-fujimorismo hacia una creciente anemia en las inclinaciones populares como fruto, sin duda, a un pésimo manejo de su alianza congresional, plagada de cínicos escándalos que no han pasado desapercibido en la ciudadanía reflejándose, como era de esperarse, en el sufragio y en sus expectativas para el 2021.
Los resultados nos muestran una posibilidad, al menos en este momento a que nuevas o antiguas fuerzas emergentes sean los grandes protagonistas de la elección presidencial y congresional dentro de dos años. Aunque todo dependerá de su habilidad para trascurrir sin grandes errores su desempeño en la actual política nacional y regional.
Los nuevos elegidos, quiérase o no, serán los responsables de lo que pueda pasar en estos meses siguientes de 2019. Los grandes problemas que enfrenta el país y que agobian a la gente en todos los lugares, especialmente en provincias, siguen casi intactos. La economía, que, a pesar de los optimistas análisis de una prensa subvencionada, sigue siendo el lado más débil del trabajo gubernamental, viéndose como una de sus nefastas incapacidades el mantenimiento de una inseguridad acosada por la delincuencia. La severidad en el trato punitivo para los enemigos del actual statu quo que llega a situaciones muy parecidas a las del siglo 19 de poco han servido, salvo como pretexto para encubrir delitos mayores del sistema corrupto que nos agobia y de sus impunes aprovechadores.
Es este acuoso panorama el que nos lleva a descubrir que la lucha por el poder, con un nuevo presidente y un nuevo Congreso a ser elegidos dentro de dos años, ha tenido en el proceso electoral ya terminado, las características de ensayo para lo que se producirá irremediablemente en el campo político, salvo que renazcan fuerzas dormidas, espectadoras actuales del fenómeno las que se decidan a actuar. Si bien, en este momento son APP y AP las fuerzas políticas civiles, la primera en provincias y la segunda en la capital, las que circulan por un expectante camino. ¿Tal vez el proceso político de las vecindades latinoamericanas puedan ser el factor de presión que actúe, necesariamente? ¿Quién lo sabe?

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El día internacional
del día

Por Javier Junceda.

Cualquier jornada de nuestra vida no está solo jalonada de lo que pueda deparar el destino, sino del recuerdo a lo que el día internacional de turno sugiera rememorar. Como con el santoral, estas citas deben tenerse en cuenta para no quedar fuera de juego cada mañana. Y, como sucede en él, suelen coincidir varias festividades al mismo tiempo. Al igual que el almanaque acumula santos, también lo hacen estos días mundiales.
Muchas de estas fechas conmemoran episodios históricos, otras aluden a enfermedades o animales amenazados, e incluso algunas evocan figuras patricias desparecidas. Naciones Unidas y sus organismos, con la UNESCO a la cabeza, han sido y son auténticos artífices de estas celebraciones, un calendario laico que debe seguirse ahora como las fiestas de guardar.
Cuando la información cotidiana es anodina, los días internacionales brillan como el sol, porque aseguran páginas en los periódicos y minutos audiovisuales, que luego en el bar se comentan durante la partida del dominó. Todo lo contrario que se produce en épocas de efervescencia, en que pasan habitualmente desapercibidos.
Al margen del respeto, incluso institucional, que merecen determinados días mundiales, y de las recompensas, no siempre inmateriales, que procuran cada año a sus promotores, quizá debiera reflexionarse sobre la patente inflación de estas festividades laicas, y en especial de aquellas que constituyen auténticas gansadas, con todos mis respetos para esta garbosa especie anátida.
Llevado por la curiosidad, acabo de consultar en la red la inacabable relación de estos días. Sin ánimo exhaustivo, descubro días internacionales del pene, del pelo, del inodoro, del orgullo zombie, de los vuelos espaciales tripulados, de los Simpsons o Star Wars, del orgullo friki, del orgasmo femenino, de la pizza de queso, de la comida en lata o del caldo de pollo. Por no citar al blue day, o día más triste del año (que alguna eminencia ha situado en el tercer lunes de enero) y el yellow day, o día más feliz (fijado el 20 de junio, al parecer por decisión de sesudos meteorólogos, que no se si han reparado que cuando en una parte del planeta finaliza la primavera, en otros lugares comienza el otoño). Hay también un nothing day, que es el día mundial sin compras (el 25 de noviembre), o, en fin, el de las tapas, el de saltar los charcos, el de untarse la cara con arcilla o el de afeitarse la barba. Y por ahí seguido.
Bien se comprenderá que resulta complicado tomar en serio todas estas efemérides y otras muchas más que resultan imposibles de reseñar aquí. Pero, dado el nivel de mentecatez que hemos conseguido alcanzar, no es descartable que a los impulsores de estos días les parezca mal esto que escribo, en lugar de hacernos el favor de reunirse bajo el día mundial de la gilipollez, si es que no está aún reservado.
La proliferación de estos días chorra, además, perjudica a los que pudieran considerarse estimables, al coincidir con ellos y desdibujar su importancia, muchas veces focalizada en cuestaciones para financiar proyectos, como se hace por ejemplo con los problemas de salud. Aunque esas dolencias debieran salir a la palestra con ocasión de avances cuando surjan, y ser recordables todo el año o toda la vida, es lo cierto que los ingresos que se obtienen en su día oficial contribuyen a los objetivos de quienes las combaten, de ahí que compartir fecha con otras extravagancias no sea ninguna buena cosa, por diluir el efecto de marketing para el que suelen estar previstos estos días de cualquier cosa.
Sin querer dar ideas, no estaría mal proponer un día internacional del día, en que festejemos que en veinticuatro horas somos capaces de recordar todo lo que este santoral laico distribuye en un año.

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FOTOSUCESOS

La historia fue hecha para recordarla. El combate de Angamos es una batalla significativa para la Marina de Guerra del Perú y representa para los peruanos la admirable entrega de Miguel Grau junto a sus marinos que ofrendaron sus vidas por los intereses del país. El honor y valentía, valores aprendidos.

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